Tom Brady: la forja de una leyenda de la NFL

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La última Super Bowl disputada en Phoenix dejará para siempre grandes recuerdos en la memoria colectiva de los amantes del fútbol americano. New England Patriots y Seattle Seahawks ofrecieron un choque que casi como nunca antes respondía a las expectativas de los millones de aficionados que siguen este evento planetario.

Los de Seattle, dominadores en la primera parte del encuentro, vieron como su ventaja desaparecía pero no se dieron nunca por vencidos y fueron capaces de llegar con opciones reales de triunfo a la parte realmente decisiva del encuentro. Pese a las dificultades y después de varias jugadas para enmarcar, los Seahawks se encontraban en la yarda cinco de los Patriots a falta de tan sólo un minuto y seis segundos. Pero la estrategia final no funcionó. Tanto que, incluso leyendas de la NFL como el ex jugador de Dallas Cowboys, Emmith Smith, han dicho que fue una de las peores jugadas de la historia del fútbol americano.

Ahí acababa esta edición de la Super Bowl y el campeonato era para unos New England Patriots que acumulan ya seis finales y cuatro títulos en los que llevamos de siglo. Todo un récord que sube el prestigio de una gran franquicia como New England y que instala aún más si cabe en el Olimpo de las leyendas del deporte a su quarterback, Tom Brady.

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La historia de Brady es la historia de una superación constante. Brady nació en San Mateo, California, y desde muy pequeño se acercó al deporte. Probó con el beisbol y el baloncesto, pero muy cerca de su casa jugaba por aquel entonces un hombre que se iba a convertir en leyenda del deporte mundial y de paso, en el gran ídolo de Brady: Joe Montana.

El joven Brady empezó a ir con asiduidad a los partidos de las San Francisco 49ers, equipo dominador de la liga en aquellos años, y en el que Montana sentaba cátedra como quarterback. Brady se encontraba en el estadio el diez de enero de 1982 para ver el partido entre los locales y los Dallas Cowboys. Aquel día iba a ser recordado para siempre en la historia de la NFL gracias a la jugada final protagonizada por Montana y Dwight Clark. The Catch, como así se la bautizó, metió a los 49ers en la Super Bowl de aquella temporada y dejó tan impresionado a Tom Brady que ya no pensaría en nada más que emular a su ídolo Montana.

Pero la historia de amor de Brady con el fútbol americano no iba a ser ni mucho menos fácil desde sus mismísimos orígenes. Ni siquiera en el instituto Brady fue capaz de ser titular desde el primer día. De hecho fue siempre suplente hasta que el titular decidió abandonar el deporte y le dejó vía libre.

La historia se iba a repetir otra vez para Brady en la universidad. El entrenador de Michigan le consideraba el octavo quarterback de la plantilla y no iba a ser capaz de imponerse como titular indiscutible hasta su último año universitario. Brillante como estudiante, se graduó cum laude, las cosas parecían no ir demasiado bien en su camino hacia el profesionalismo y mucho menos, hacia el estrellato. Aún así, Brady siempre estuvo convencido de que lo lograría y su rol en el equipo universitario fue cambiando al tiempo que empezó a conocérsele como Comeback Kid (el chico de las remontadas). En semifinales, logró remontar el partido con sus pases pese a ir perdiendo de diez a falta de tan sólo tres minutos y medio. La historia se repetiría en la Orange Bowl cuando logró darle la vuelta al marcador pese a haber ido perdiendo desde el arranque y hacerse así con el título universitario.

Después de tantas dificultades, el éxito final hizo creer a Brady y los suyos que su paso a la NFL iba a ser más sencillo. Una vez más se equivocaba.

Pese a que sus expectativas giraban en torno a una segunda ronda, Brady fue escogido por New England Patriots en el draft del año 2000 en el puesto 199, es decir, en sexta ronda. Un golpe durísimo para él ya que partiría como cuarto quarterback de la franquicia. Parece que el destino quería situarle en idéntica situación a la que tuvo en su paso por la universidad.

Algunos de los informes técnicos de las franquicias sobre Brady y su juego no dejaban mucho margen a la esperanza. Físico pobre, chico escuálido, sin brazo, lento y sin movilidad, fácil de derribar… son sólo algunas de las características que destacaban de él. El propio Brady reconocería años más tarde que el día que conoció al dueño de los Patriots, Robert Kraft, le preguntó si sabía quién era. Kraft le respondió que sí, que era Tom Brady, su elección de sexta ronda. Brady sacó a relucir su carácter en la respuesta. “Cierto, señor”, dijo, “soy un sexta ronda, pero soy la mejor decisión que esta franquicia haya tomado jamás”.

La pretemporada de ese año 2000 era también la primera de su nuevo jefe, el entrenador Bill Belichick. Belichick consideraba a Brady su cuarto quarterback de arranque pero muy pronto intuyó que aquel chico escondía algo portentoso. Ya antes del arranque de la temporada, Belichick dijo de él que era muy inteligente, con una enorme capacidad para soportar la presión y que tenía mirada de genio. Belichick supo muy pronto que no se había equivocado con él.

Una vez más Brady supo esperar para tener su oportunidad y aprovecharla. Durante un tiempo fue ya el suplente de Drew Bledshoe. En concreto lo fue has el 23 de septiembre de 2001, día en el que Bledshoe cae lesionado y llega la oportunidad que Brady estaba esperando. Era solamente su segundo año en la liga pero a Brady no le tembló el pulso. Cogió con fuerza las riendas de su franquicia y la llevó con paso firme volviendo a mostrar el porqué de su alter ego Comeback kid. A sólo un paso de su primera Super Bowl, los Patriots caen de diez con Oakland. Brady toma la palabra y anima a los suyos: “Será una gran remontada“, les dijo. Y lo fue. Mandó el partido a una prórroga en la que él mismo iba  a anotar el touchdown definitivo que metía a los suyos en la Super Bowl. Allí esperaba ya el mejor equipo de la liga Sant Louis Rams.

A falta de poco más de un minuto para el final el partido está empatado. Todo el mundo piensa que los Patriots dejarían correr el cronómetro para irse a la prórroga, pero Brady tenía otros planes. Con una genial jugada pone a los suyos a tiro de field goal y pocos segundos después los Patriots ya eran campeones de la Super Bowl. Su gran rival ese día, Kurt Warner, no dudó en alabar públicamente lo que había hecho Brady.

Quince años después de su llegada a la liga, Tom Brady es considerado por muchos como el mejor quarterback de la historia de la NFL. Acumula títulos a nivel individual y colectivo y desde 2010 es el jugador mejor pagado de la liga. Sus cuatro títulos de campeón y sus tres MVP de la final son sólo algunos de sus logros. Su victoria en la última edición de la Super Bowl le sirvió además para alcanzar en el palmarés a su gran ídolo de infancia, Joe Montana, aquel jugador que, sin saberlo, había colaborado tan activamente en la determinación de Brady de ser simplemente el mejor.

Aún en activo, veremos hasta dónde puede llegar todavía la carrera de Brady. Los récords que acumula impresionan como el de 21 triunfos consecutivos en la liga, algo que nadie había hecho jamás. Pero Brady ha conseguido, además, algo aún más importante. Ha devuelto a la NFL a lo más alto del escalafón del deporte mundial con su trayectoria y su comportamiento. Su nombramiento como mejor atleta del año en 2007 por Associated Press supuso todo un hito para este deporte ya que nadie había conseguido tal logro desde que lo hiciera allá por 1990, Joe Montana.

La trayectoria de Tom Brady parece ligada para siempre a varias figuras de enorme relevancia. Principalmente a Joe Montana, su gran ídolo, pero también a su entrenador Bill Belichick, el único que ha tenido desde que llegara a la liga y que le dio la confianza para triunfar en la competición. Pero Brady estará ligado para siempre a una filosofía, la suya propia, la de la determinación para superar las muchas barreras que se ha encontrado en su escalada hasta la cima del deporte mundial. El quarterback de los Patriots ha hablado en varias ocasiones de las enormes dificultades que ha tenido siempre. Primero en el instituto. Luego, en la universidad y más tarde, ya en la NFL. Brady ha dicho: “Aún hoy sigo enfadándome cada vez que recuerdo el tiempo que pasé siendo suplente tanto en el instituto como en la universidad, pero aún hoy ese recuerdo sigue motivándome para seguir adelante y superarlo. La vida va exactamente de eso, de esperar el momento para aprovechar una oportunidad que rara vez se repite”.

Palabra de Tom Brady.