Super Bowl 2015: el título en el último suspiro

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Cada año el mundo del deporte espera impaciente la llegada de unos de los mayores espectáculos que podemos disfrutar a día de hoy. La Super Bowl congrega cada temporada a millones y millones de personas delante de sus pantallas para asistir al que quizás sea el más puro show americano de nuestros días, un show que combina a la perfección lo mejor del deporte y del american way of life.

La edición de 2015, la número 49 ya, no iba a ser menos y en ella se daban cita New Orleans Patriots y Seattle Seahawks. El escenario, como siempre, lucía espléndido esta vez le tocó al estadio de la Universidad de Phoenix, en Glendale, Arizona.

Esta Super Bowl aparecía en las quinielas del modo quizás más abierto. Nadie se atrevía a señalar a ninguno de los dos contendientes  como claro favorito y el devenir del partido iba a darle la razón a los que así pensaban. El título acabó resolviéndose en el último minuto y un análisis más profundo arroja varias lecturas. La primera de ellas es quizás de las más evidentes. Los Seahawks llegaban a la final como vencedores de la edición pasada. Como en el resto del deporte, ya se conoce esa ley no escrita que asegura que es muy difícil revalidar título. De hecho, en la NFL, lo habían conseguido por última vez los Patriots en los años 2004 y 2005 ya bajo la batuta de Belichick en el banco y de Tom Brady en el campo.

Si difícil es revalidar triunfo, qué decir de la extraordinaria capacidad que han demostrado los de New England para llegar a las rondas finales en las últimas temporadas. De la mano de su entrenador y de su gran estrella, el equipo ha ido cambiando y mucho a lo largo de los años, pero siempre ha sabido mantener unas señas de identidad que les mantienen en la lucha por el título. Pase lo que pase, parece claro que una cosa no cambia en el arranque de todas y cada una de las temporadas; la franquicia de New England estará entre los favoritos. Sobresalientes en el campo, los Patriots están siempre de actualidad para bien o para mal. Por supuesto sus anillos y logros les mantienen  siempre bajo el foco de atención, pero lo han estado también por diferentes polémicas y muchas otras decisiones cuanto menos cuestionables. Los Patriots son quizás el equipo más querido y más odiado a la vez de toda la historia de la NFL. Cada asunto, cada actuación y decisión de sus dirigentes y jugadores están rápidamente en boca de todos y eso no deja de ser el síntoma de grandeza más evidente de este conjunto. Sus resultados están ahí y nadie puede discutir ya que son un equipo grande y con solera y que empiezan a amenazar el altar en el que muchos han situado a los Dallas Cowboys como verdadero equipo de América.

 

Los Patriots llegaban a Arizona con un objetivo claro: conquistar su cuarto anillo. Esta vez iba a llegar de nuevo, pero con un enorme sufrimiento y sobre la bocina. El año estuvo repleto de altibajos debido a las lesiones, pero aún así les llegó para alcanzar las finales con el mejor balance de la competición. Esta capacidad para superar las dificultades llena de razón a todos aquellos que les consideran ya uno de los mejores conjuntos de toda la historia de la NFL.

Pero enfrente no estaba un conjunto cualquiera sino Seattle Seahawks, actuales campeones y sobre todo un equipo temible, con una defensa absolutamente extraordinaria y que sabe muy bien cómo hacer daño en ataque. Para los Patriots no iba a ser, en ningún caso, una final fácil por eso todo el mundo esperaba una final tremendamente igualada. Lo que se vivió durante el partido respondió punto por punto a las expectativas generadas, aunque bien es cierto que el control del encuentro correspondió a los Patritos, sobre todo, en el arranque del mismo.

El primer cuarto fue una pesadilla para los ataques. El marcador no se movió pese a los intentos de un Tom Brady que ya empezaba a enseñar de nuevo su enorme manejo de balón. La defensa de Seattle no tardó en mostrar a los Patriots lo que es capaz de hacer, pero esta vez les salió mal. Después de varios punts, Lane interceptó al quarterback, pero fue el defensor el que salió mal parado. Tuvo que abandonar la Super Bowl lesionado y la Legion of Boom quedaba mermada quizás en el peor momento y, seguramente, contra el peor rival. Por si esto fuera poco, además, Russell Wilson repitió su pobre actuación de la final de conferencia con un rendimiento de menos a más que dejó seriamente dañadas las opciones de victoria de Seattle.

El partido entró entonces en una fase de intercambio de golpes en la que ninguno de los dos contendientes parecía ser capaz de dominar al otro. Ahí tenía que aparecer la gran estrella, Tom Brady, que no suele venirse abajo en los momentos importantes del partido.  Consiguió conectar con LaFell para que este hiciera un touchdown que abría por fin el marcador de esta Super Bowl 2015. No tardaron en aparecer Wilson y Lynch para empatar el partido y ahí los dos equipos parecieron soltar un poco los nervios del inicio con una sucesión de golpes en ataque que dejaron el partido en 14- 14 al descanso. Medio partido se había ido ya y todo estaba como en el arranque.

Tiempo de descanso en la Super Bowl es sinónimo de espectáculo. En esta edición, la actuación principal corrió a cargo de una Katy Perry que seguramente no estará entre las más memorables de los últimos años.

En la reanudación muy pronto pudimos ver de nuevo en acción al receptor de moda en el equipo de Seattle. Tras un touchdown de Matthews, otra recepción suya ponía el marcador en 17- 14. Fue un momento muy delicado para los Patriots, que vieron peligrar sus opciones de victoria con el gran momento de los Seahawks. Una interceptación sobre Tom Brady y un nuevo touchdown, esta vez de Baldwin ponían un 24- 14 en el electrónico que no presumían nada bueno para los de Belichick. Pero todavía quedaba por llegar lo mejor del partido y los Patriots, que sin duda estaban al borde del precipicio, no tardaron en reaccionar.

Veinte minutos por jugar en un Super Bowl es tiempo más que suficiente para que ocurra absolutamente de todo. Los Patriots se pusieron manos a la obra, con un Brady más trabajador que nunca pero aún así no fueron capaces de mover de nuevo el marcador hasta el último cuarto del partido. En esos momentos tan decisivos fue donde aparecieron los New England Patriots en su estado más puro.

Su estrella Tom Brady no dudó en cederle a los suyos su alter ego Comeback kid (el chico de las remontadas) y los Patriots tan sólo necesitaron doce minutos de juego para volver a estar por delante en el marcador. Lo hicieron gracias a un touchdown de Amendola y luego con otro más de Edelman, dos jugadores que no están casi nunca en las crónicas porque sus funciones son otras bien diferentes. Aún quedaban dos minutos y Seattle iba a intentar por todos los medios a su alcance cambiar su destino y hacerse de nuevo con el anillo. Para los Seahawks ya era una situación de “Touchdown or nothing” de nuevo. Los de Seattle lograron mantenerse con opciones con una recepción absolutamente inverosímil, esta vez de Kearse, que les dejaban a tan solo cinco yardas, es decir, a tiro de Lynch. Eso es, al menos, lo que pensó todo el mundo porque lo que hizo Seattle fue totalmente diferente. Carrol intentó el pase, una acción altamente complicada, y quizás por eso la interceptación de Butler entrada en la historia de la NFL como consecuencia de una de las peores decisiones de todos los tiempos.  El cuarto anillo de los Patriots, el cuarto también para Belichick y Brady ya era una realidad, pero ni por esas desaparecieron las voces siempre críticas con unos Patriots que no abandonan nunca el ojo del huracán. Llovieron los elogios, pero también las críticas como los que recordaron el famoso caso de los balones desinflados. Sorprendentes fueron también las críticas de un personaje nada habitual en estas lides como Jerry Rice, quizás nervioso al ver como los Patriots amenazan ya el reinado de sus San Francisco 49ers con cinco anillos (por cierto, el equipo del que era seguidor en su infancia Tom Brady).

Sea como sea, los Patriots son ya ganadores de pleno derecho de esta Super Bowl 2015 y, tanto si son héroes como si son villanos, los de New England van poco a poco tejiendo un palmarés absolutamente sensacional. De la mano de su técnico Belichick y de su indiscutible estrella, Tom Brady, los Patriots caminan con paso firme  hace un título honorífico, pero no por ello menos importante, como es el de “Equipo de América”. Bien harían en preocuparse por ello los dirigentes de los Dallas Cowboys si no quieren que ese sitio en el trono muy pronto lo ocupen otros.