Lavillenie centra todas las miradas en Praga

Lavillenie centra todas las miradas en Praga

El campeonato de Europa de Pista Cubierta reúne a lo más granado del atletismo continental. En un deporte ávido por conseguir nuevos mitos e ídolos, todas las miradas irán hacia un atleta francés que está borrando de los libros de historia muchas de sus páginas más destacadas- Se trata del saltador Renaud Lavillenie quien llega a la República Checa con la clara intención de seguir haciendo más grande su leyenda.

El saltador francés acumula medallas cuando aún no ha cumplido los 30 años, pero su mayor logro hasta la fecha es haber superado el récord del mundo de todo un mito del deporte mundial como es el ucraniano Sergei Bubka.

Lavillenie ya sabe lo que es proclamarse campeón de Europa de pista cubierta, así que desde el año pasado cuando batirá el récord de Bubka, la carrera del francés cambió de objetivos. Como él mismo ha reconocido recientemente “ahora me centro en mantenerme entre los mejores, que no es poco. Quiero estar los máximos años posibles ganando competiciones y siendo capaz de superarme a mí mismo”, reconoció. Lavillenie posee ya casi todos los títulos que se pueden conseguir en su disciplina: campeón de Europa tanto en pista cubierta como al aire libre, en 2012 logró el oro también en los Juegos Olímpicos de Londres. Tan sólo ha fallado en la cita mundial al aire libre. Difícil encontrar motivación más allá de la simple acumulación de metales, pero por suerte para el menudo saltador francés en su horizonte se ha divisado siempre la figura imponente de uno de los más grandes de la historia de este deporte, como es Bubka, y eso le ha aportado la tensión competitiva necesaria para seguir adelante. Los 6,16 metros que logró franquear el año pasado en Donetsk le metían de pleno derecho en la historia de la pértiga mundial al lado de su gran ídolo.

La historia del gran Levillenie empieza, como la de otros muchos grandes de este deporte, por una simple casualidad. Cuentan que todo empezó con su afición a saltar con un palo de escoba los arbustos del jardín de su casa, un juego que solía compartir con su padre y con su hermano, también saltador de pértiga y presente en este Europeo de Praga. Su padre fue, de hecho su primer entrenador en el estadio de Cognac. “Empecé a saltar allí con siete años, pero claro que recuerdo aquellos juegos en mi casa con mi hermano y todos mis amigos”, recordaba el plusmarquista mundial bajo techo.

La importancia de su padre en el arranque de su carrera le ha incluido muchas veces en el grupo de deportistas a los que se les atribuye una especial presión por parte de sus progenitores, ávidos de éxitos de sus hijos. El francés ha negado tajantemente que ese sea su caso. “Durante mi infancia, mi padre jamás me mencionó la posibilidad de llegar a ser un profesional y mucho menos de lograr medallas o récords”, asegura, “de hecho, las primera marcas que realicé no son gran cosa y puedo asegurar que mi progresión fue muy tardía y sólo llegó cuando me desarrollé físicamente por completo. La pértiga ha sido siempre para mí un entretenimiento, aunque ya lleve tantos años como profesional. Mi única motivación es, aún a día de hoy, lograr saltar lo máximo que pueda en cada competición”, explica convencido. Lavillenie señala con total claridad cuál ha sido siempre la motivación que le ha empujado a seguir saltando, pero en una disciplina en la que cada centímetro cuenta, curiosamente, el francés es incapaz de determinar en cuánto se fija ese “máximo posible” al que él apunta. “Nunca pensé que lograría superar el récord indoor de Bubka”, reconoce, “ya que pensaba que, de conseguirlo, sería mucho más tarde. Cierto es que había saltado varias veces por encima de los seis metros, pero nunca me había acercado a los registros del ucraniano ni siquiera cuando me sentía al 100%. Al final, entendí que si estoy preparado cualquier cosa puede ocurrir, incluso un récord del mundo”, admitió.

¿Qué se siente tras haber logrado lo que ningún otro atleta fue capaz de conseguir antes? Quizás sea esta la pregunta que cualquier buen aficionado al deporte, en general, y al atletismo, en particular, le gustaría hacerle a Lavillenie. El francés intenta resumir su respuesta en la palabra “incredulidad. Ya había saltado 6,16 en algún entrenamiento y me veía capaz de hacerlo en competición, pero cuando lo logré empecé a pensar en los más de 21 años que habían pasado desde que Sergei Bubka había conseguido esa marca y en todos aquellos otros atletas que lo habían intentado superar antes que yo sin éxito. Sé que logré superar una marca mítica dentro de la historia del atletismo, quizás por eso me costó un poco volver a la realidad, bajar de la nube en la que vivía y aceptar mi condición de recordman mundial”, explicó el saltador galo. Y es que, como señala el propio Lavillenie, el récord de Bubka no era ni mucho menos una marca más. El ucraniano marcó una época estableciendo récords estratosféricos, que parecían insuperables para cualquiera durante las próximas décadas. Bubka, como no podía ser de otro modo, es el mayor ídolo de Lavillenie quien asegura que “Bubka es aún hoy un modelo para mí, aunque no tuviera mucho que ver con mis inicios. Él se retiró cuando yo sólo tenía 14 años y nunca le vi saltar en directo. Pero más adelante empecé a ver muchas de sus actuaciones en video. Es cierto que somos saltadores muy diferentes tanta física como mentalmente. Para mí es importante ver cómo asiste a muchas de mis competiciones y la verdad es que mantenemos una muy buena relación. A él le gusta compartir sus experiencias conmigo y yo se lo agradezco”, desveló el francés.

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Son varios los retos importantes que le quedan aún por delante a Lavillenie. Uno de ellos podría ser el récord mundial al aire libre que aún posee el propio Sergei Bubka desde el año 1994, pero Lavillenie niega que batirlo vaya a ser su principal objetivo en los años que le queden en competición. “No, no lo será en absoluto”, asegura, “los récord siempre me han interesado, es cierto, pero ahora me estimulan más los campeonatos. Quiero ganar el título mundial al aire libre que no logré ni en 2009, ni en 2011, ni en 2013 (dos bronces y una plata) y repetir el título olímpico. Esas son mis mayores motivaciones de cara al futuro porque sé que le récord puedo batirlo. He trabajado muy bien en los entrenamientos y sólo tengo que llegar bien al verano para estar bien en la competición”, aclaró el campeón.

A este campeonato en Praga llega con la máxima ambición, la de repetir título y llegar así hasta las cuatro coronas continentales bajo techo. Todo un récord. Pese a ser el más claro candidato al título, Lavillenie no quiere confiarse y rechaza la idea de que esta cita sea para él tan sólo un entrenamiento. Enfrente tiene al polaco Piotr Lisek, que ya ha llegado hasta los 5,90 después de haber superado en varias ocasiones el listón por encima de los 5,80 metros. El también polaco Sobera o los hermanos Gripich estaban en las quinielas, así que el concurso tampoco sería cuestión de coser y cantar par el francés. Su concurso, de hecho, arrancó con susto y grande. A punto estuvo de no clasificarse para la final luego de haber comenzado a saltar sólo en el tercer intento sobre 5,70. Lavillenie pasó a la final como séptimo clasificado.

Para muchos, Lavillenie ha contado siempre con una superioridad aplastante con respecto al resto de rivales a diferencia de la época de Bubka en la que el grupo de pertiguistas de máximo nivel era mayor. Lavillenie lo ha reconocido aunque cree que “el futuro es muy prometedor y hay un grupo de pertiguistas jóvenes que superarán muy pronto la barrera de los seis metros. Esto no es nada fácil y está al alcance de muy pocos. Además las reglas han  cambiado y, por ejemplo, hay menos tiempo para preparar el salto y los apoyos de la barra son más estrechos. Son pequeños detalles que pueden influir y que han hecho más difícil conseguir grandes registros”, explicó.

Cuando le preguntan sobre la presión que puede sentir alguien como él en un país tan pendiente de sus deportistas como es Francia, Lavillenie lo tiene claro. “Para mí, la pértiga no ha sido nunca un trabajo sino una pasión y por tanto llevo bien la presión porque sé desconectar. Me gustan otros deportes, sobre todo, los de motor y por ahí sacio mis ganas de más adrenalina”, concluyó.

Lavillenie no decepcionó con su actuación en la final, en Praga. El francés, confiado en sus posibilidades y pese al susto de la clasificación, empezó a saltar tarde. Con el oro ya en el cuello, Lavillenie se fue directo a por el récord de los campeonatos y, tras fallar a la primera, voló por encima de unos estupendos 6,04 metros. A partir de ahí, ya no le quedaba otra que intentar superar de nuevo su récord mundial bajo techo. Esta vez, 6,17 fue demasiado y una nueva plusmarca deberá esperar, mientras el cuarto oro continental ya está en el palmarés de Lavillenie.