El siete del gallo entra en la historia del deporte

El siete del gallo entra en la historia del deporte

El mundo del deporte tiene cada vez más sitios nuevos hacia los que mirar. El poder del dinero y la decisión de muchos países emergentes de invertir en deporte hace que cada vez más las grandes competiciones internacionales se disputen en lugares en los que no existía una gran tradición.

Es el caso del balonmano que en el arranque de 2015 celebraba su mundial de selecciones en Qatar. Un país que está rompiendo moldes en cuanto a inversión pero carente de historia y jugadores de peso en sus filas. Como ya había hecho en otras especialidades, como es el caso del atletismo, Qatar no ha dudado en contratar a grandes jugadores para que defienda su camiseta. Daniel Saric, Zarko Markovic o Rafael Capote son algunos de los nombres ilustres que no dudaron en aceptar. El español Valero Rivera, luego de haber ganado todo lo que se puede ganar en el mundo del balonmano, tomó las riendas de esta selección de cara al mundial a disputar en su propia casa.

La sabiduría en la dirección de Rivera y el sorprendente grado de implicación de estos jugadores foráneos, llevaron a los qataríes a la medalla de plata. Todo un hito que fue festejado por todo lo alto por su afición, en buena medida, compuesta por españoles también contratados para la ocasión. Aficionados de diferentes equipos de la liga española viajaron a tierras cataríes para animar a la selección como si les fuese la vida en ello.

Sin duda, el papel de Qatar y todo lo que ha envuelto la organización de este Mundial de balonmano no puede ensombrecer de ningún modo el triunfo final de un equipo que está empeñado en destrozar todos los registros y hacer aún más grande si cabe su propia leyenda. La selección francesa volvió a demostrar que es prácticamente imbatible cuando llega la alta competición y sus jugadores más representativos acumulan tal cantidad de títulos que un simple vistazo a su currículum asusta.

Intentar resumir el palmarés de la selección del gallo es imposible. Con su victoria en Qatar suma ya cinco entorchados mundiales, algo que no había conseguido ningún otro equipo jamás, y superando ya los cuatro de Rumanía y Suecia. Un dato estremecedor.

En las últimas dos décadas, Francia ha conseguido ser dominador de manera avasalladora en la alta competición, acumulando título tras título en Mundiales, Europeos y Juegos Olímpicos. Dese 1995, los galos han vencido en cinco mundiales (1995, 2001, 2009, 2011 y 2015), tres europeos (2006, 2010 y 2014) y dos Juegos (2008 y 2012). Un palmarés que no conoce parangón en ninguna otra modalidad deportiva.

Las cifras frías asustan, pero es que sumergirse en ellas es estremecedor. Los bleus ostentan el cargo de campeones de Europa, del Mundo y Olímpico después de haberlos logrado de manera consecutiva, algo que ningún otro equipo había conseguido jamás a excepción de ella misma en los años 2008, 2009 y 2010. Absolutamente fantástico.

La evolución de este deporte en el país galo es sorprendente. Francia logró su primera medalla a nivel internacional en 1992, un bronce en los Juegos de Barcelona. Lo que ocurriría a partir de ahí se resume en un dato: dieciséis medallas en competiciones por selecciones.

La pléyade de enormes jugadores y técnicos que ha ido acumulando Francia con el paso de los años es sensacional. Desde los Anquetil, Martini, Cazal o Jackson Richardson, a los hermanos Gille, Jerome Fernández, Narcisse u Omeyer, hasta los más recientes como Abalo, Joli, Barachet o Sorhaindo. Varias generaciones que han sido capaces de mantener sus señas de identidad sin descuidar jamás un gen competitivo espectacular que les ha dado grandes victorias.

De entre estos dos últimos grupos de jugadores no hay más remedio que destacar a Nikola Karabatic. Lazo de unión entre ambos, Karabatic es el líder indiscutible de este equipo y se ha ido consolidando a golpe de título como uno de los mejores jugadores de balonmano de todos los tiempos. Actualmente enrolado en las filas del Fútbol Club Barcelona, el francés asume siempre sus galones en los momentos decisivos del partido. Su dirección de juego es magistral. Tres mundiales, otros tantos europeos y dos oros olímpicos le contemplan. De padre croata y madre serbia, ha hecho su carrera en Francia, Alemania y ahora España. “Soy un ganador”, dijo en una entrevista, “pero sobre todo soy un competidor nato, lo he sido desde niño y no solo en el balonmano”.

Como todo gran equipo de cualquier deporte que se analice, todos se preguntan dónde está el techo de estos jugadores. Los datos dicen que sus piezas más importantes ni siquiera llegan a los 30 años de edad y el bloque está trabajado hasta el más mínimo detalle desde hace muchos años. Su famoso gen competitivo no ha desparecido en absoluto tal y como se vio en Qatar, y las ganas de ganar de este grupo de jugadores parece muy lejos de su desaparición. De hecho, hace mucho tiempo que la prensa gala decidió bautizar a este equipo como “Les experts” (los expertos) debido, por una parte, a su enorme capacidad de competición en los momentos decisivos de los partidos y, por otra, por su fiabilidad absoluta en las finales. De once disputadas, diez victorias, es más, si analizamos las finales de consolación, venció en cinco de las siete que tuvo que disputar. El propio Nikola Karabatic reconocía que “el hambre no se acaba nunca. He ganado todo lo que se puede ganar a nivel de club y de selecciones pero nada de eso se sube a la cabeza. Lo único que cuenta de verdad es ganar, ganar y volver a ganar”.

El siete del gallo entra en la historia del deporte

Sin duda, estamos ante un equipo que verá sus registros en los libros de historia durante muchos años. A los rivales, por supuesto, les tocará sufrirlos, pero los galos son un equipo fantástico que harán disfrutar a los amantes del deporte.

Si este grupo tiene aún recorrido, las generaciones siguientes parecen apuntar bien alto también. Nombres como Afghour, Hugo Descat, Quentin Minel o el portero Hermann irán poco a poco llegando a la selección absoluta en los próximos años.

El recorrido francés en tierras qataríes fue inmaculado. Encuadro en primera ronda en el grupo C junto a Islandia, Suecia, Egipto, República Checa y Argelia, les experts solo cedieron un empate contra los islandeses para acabar como primeros de grupo. En octavos esperaba una de las revelaciones del campeonato, una Argentina muy aguerrida en defensa que, pese a todo, no fue rival para el combinado francés.

Ya en cuartos, Francia pasó literalmente por encima de cualquier intento de Eslovenia de dar la sorpresa. Nueve goles de diferencia dejaron bien claras las intenciones de una selección gala que para entonces ya era la favorita al título en todas las quinielas.

Favorita indiscutibles para muchos, como decíamos, y en eso que en semifinales se cruzaba en su camino la hasta entonces campeona del mundo, España. Los galos fueron por delante en el marcador desde el principio y, aunque los hispanos mejoraron en el segundo tiempo, un enorme Thierry Omeyer en la portería negó cualquier atisbo de remontada. Los bleus estaban ya en una nueva final, esta vez con la anfitriona Qatar enfrente.

El Lusail Hall de Doha presentaba un aspecto espectacular para la gran final. Más de 15.000 espectadores abarrotaban las gradas para ver una final inédita. La gran Francia contra la incógnita, la sorprendente Qatar del español Valero Rivero. Un guión perfecto sobre el papel para los locales que veían la posibilidad de hacerse con el título en casa y delante de un equipo de leyenda. Pero el guión no se cumplió y Francia salió decidida a dejar bien pronto sin opciones a los qataríes. Tanto fue así a poco para llegar al descanso muchos creyeron que el encuentro estaba finiquitado cuando se llegó a un siete- trece en el electrónico.

Con todo el contra el combinado local pareció resistirse a caer delante de los suyos sin apenas haber entrado en juego. Reaccionaron increíblemente los de Valero hasta ponerse 13- 14 ya en la segunda mitad. Fue ahí donde los franceses dijeron basta y echaron mano del recurso que tantas medallas les ha dado: su imponente defensa. Tanto fue así que el muro francés hizo que Qatar solo anotara dos goles entre los minutos 15 y 25 de la reanudación.  Las paradas de Titi Omeyer, nombrado mejor jugador del torneo tras la final, y los bloqueos de los hermanos Nikola y Luka Karabatic convirtieron en misión imposible el partido para los qataríes.

En esos minutos decisivos, Francia volvió a demostrar una vez más que juega esos momentos clave como nadie. Defensa a ultranza, contragolpes vertiginosos y la pizca de suerte que no puede faltar en cualquier equipo que pretenda llamarse campeón.  El gol de Daniel Narcisse a falta de dos minutos para el final puso el 22- 25 en el marcador que sería ya definitivo.

Francia disfrutaba ya de un nuevo entorchado mundial, el quinto de su historia. Un título que va mucho más allá de ser una nueva medalla porque es conseguir lo que nadie había conseguido antes. Ser pentacampeones del mundo y de paso poder decir bien alto y claro que “les experts” son ya el mejor equipo de balonmano de todos los tiempos.