El caso del Parma avergüenza a la Serie A

Las dos últimas jornadas de la Serie A italiana no han contado con la participación del Parma. Los graves problemas económicos que atraviesa el club emiliano han provocado tal situación. Sus encuentros han sido, en principio, sólo aplazados, pero la situación podría haber empeorado en el caso de haber llegado hasta las cuatro ausencias.

La situación del Parma es tan delicada que sus jugadores se vieron obligados a denunciar que llevaban desde el mes de julio sin cobrar sus nóminas. El estadio Tardini estaba  punto de ver morir a su equipo algo que los altos estamentos de uno de los campeonatos con más solera del mundo no podían permitir.

Así las cosas, la Federación italiana y la Lega Calcio decidieron intervenir para evitar el final de un histórico del Calcio. El Grupo Operativo de Seguridad ha dado el permiso necesario para la reapertura del estadio una vez que el presidente del club ha asegurado que habrá dinero para pagar a los miembros de seguridad, los bomberos y para el suministro de agua y luz. El Parma jugará finalmente frente al Atalanta.

Los jugadores, pese a considerar que no será el mejor acuerdo posible, aceptaron volver a jugar después de haberse negado a hacerlo, primero frente al Udinese, por no querer hacerlo a puerta cerrada, y luego frente al Genoa, por no sentirse respaldados por las instituciones del estado. El presidente de la asociación de futbolistas italianos, Damiano Tommasi, reconoció que los jugadores “no están muy satisfechos, pero aún así han decidido aceptar y jugar el domingo. Es un gesto de responsabilidad hacia los demás equipos e hinchadas”, manifestó el ex jugador de la Roma y el Levante. Los jugadores parmesanos han aceptado este acuerdo a cambio de percibir una parte de las nóminas de marzo, abril y mayo. “Pese a no estar muy satisfechos con el presidente de la federación, Tavecchio, los jugadores acceden a jugar, pero eso sí, quieren garantías”, recalcó Tommasi. De igual modo se expresó el capitán del equipo, Alessandro Lucarelli, que exigió garantías de cobro y aclaró que “nos han prometido que los empleados cobrarán, pero queremos hechos concretos y no más palabras. Queremos cobrar lo que se nos debe. Vamos a ver qué pasa y nosotros iremos decidiendo qué hacer domingo a domingo”, explicó.

La situación del Parma ha golpeado a sus jugadores, pero también al resto de empleados del club que han visto con incredulidad cómo se les cerraba incluso el comedor y ya ni siquiera disponen de su correo electrónico.

Los jugadores y el mundo del fútbol en general han criticado con dureza la actuación en este caso de la Federación Italiana. Para muchos, su reacción debería haber llegado hace mucho tiempo y no haber esperado a esta grave crisis. De hecho, la presión que ha resultado más eficiente ha acabado siendo la del canal televisivo SKY Italia, la televisión con los derechos de emisión de los partidos del Parma. Sky amenazó al presidente de la federación, Carlo Tavecchio, con una demanda de unos 20 millones de euros si no arreglaba el entuerto. La federación ha logrado reunir unos cinco millones de euros en un tiempo récord para garantizar la presencia de los parmesanos en la Serie A al menos hasta junio.

  La federación ha echado mano del dinero que recauda de los clubs a través de las diferentes sanciones, pero el problema ahora es que ese dinero no llegará al Parma hasta que el club sea oficialmente declarado en quiebra, algo que debe decidir un juez en una vista que se celebra el 19 de marzo. De la dirección del club se encargará un órgano externo (probablemente la Lega y la Federación) hasta que aparezca un nuevo propietario que compre el Parma.

De esta decisión de urgencia han sido partícipes también los clubs. De los 20 presentes, sólo el Cesena votó en contra y se abstuvieron la Roma, el Sassuolo y el Nápoles. Pero puede que el calvario que vive la afición del Parma vaya mucho más allá. Varios ex dirigentes del club serán formalmente acusados de bancarrota fraudulenta e incluso la Fiscalía Antimafia ha comenzado a investigar las cuentas del club. Que vuelva a rodar el balón es sólo un alivio.

La situación ha sido terrible para los jugadores desde antes del arranque de la temporada. “El último sueldo que cobré fue el de julio. No hemos vuelto a cobrar desde entonces. Han sido meses realmente duros y nos han estado tomando el pelo. Nadie nos decía absolutamente nada, sólo nos decían que nos pagarían la semana que viene. Luego nos decían que el mes que viene y el otro y así todos los meses desde agosto. Hay empleados en situaciones terribles que no pueden pagar sus hipotecas”, explicaba el central brasileño Felipe que ha rescindido su contrato como la ha hecho la gran estrella del equipo, Antonio Cassano.  El italiano había firmado hasta 2016, pero reconoce que “acabo así con meses de incertidumbre y tomadura de pelo”. Es el undécimo jugador que ha abandonado el Parma a lo largo del mes de enero, la mayoría cedidos a otros clubs con opciones de compra ridículas, que en algunos casos no superan los 1000 euros.

El que de momento sigue al frente del equipo es Roberto Donadoni. El ex jugador del Milan y la selección italiana ha dicho que ha decidido quedarse por responsabilidad con los pocos jugadores que le quedan. La deuda del Parma es astronómica y se ha cifrado en alrededor de 15 millones de euros entre nóminas, IRPF y el IVA.

El primer síntoma de la penosa situación del Parma ya había llegado un poco antes, en concreto, en el mes de mayo, cuando se le negó la inscripción en la Europa League por impagos y una deuda superior a los 300.000 euros. Entonces, el presidente del club logró calmar los ánimos argumentando que si la situación empeoraba, su patrimonio era tan grande que respondería por el club y que todo se arreglaría rápidamente. Nada de eso se cumplió salvo la caída en picado del club. Ahora mismo el Parma volverá a la competición en última posición y con tan sólo nueve puntos en la tabla. Su descenso es cosa hecha.

No es la primera vez que el Parma se ve en esta situación. Ya en 2003 tuvo que sobrevivir a la bancarrota de su principal patrocinador, Parmalat, aquel que había financiado la época dorada del equipo en el que se lucían hombres como Buffon, Asprilla, Crespo, Cannavaro o Thuram. El presente del equipo no puede ser peor con el paso de cinco presidentes en los últimos siete meses y una deuda brutal. Ghirardi, el presidente que se pavoneaba de solucionarlo todo con su patrimonio, se sacó de encima el problema dejando el club en manos del grupo chipriota Dastraso Holding a finales de diciembre. La compañía ya ha puesto a tres hombres diferentes al mando desde entonces (Fabio Giordano, Emir Kodra y Rezart Taçi). Por supuesto, ninguno de ellos hizo frente a la deuda ni les pagó ni a los jugadores ni a los empleados. La situación se hacía cada vez más insostenible.

El último movimiento de este holding roza el ridículo. Taçi decidió vender el club por un euro, según él, la misma cantidad que había pagado por adquirirlo. El nuevo dueño, Giampetro Manetti, pedía a los hinchas que “confíen en mí. Haré las cosas con criterio y respetaremos los plazos”. Manetti llegó a decir que pagaría los sueldos de manera inmediata. De eso hace ya mucho y nada se ha cumplido, de ahí a radical decisión de los jugadores de no competir más.

La solución encontrada por la federación no ha gustado a todos, pero se antoja la única posible para que el Parma se presente a los partidos y llegue al final de una competición que ya olía a desvirtuada luego de sus dos ausencias. Acostumbrados como estamos a conocer casos de extrema dificultad en divisiones inferiores, el caso del Parma ha hecho saltar las alarmas en el fútbol italiano. El club parmesano lleva décadas en la élite y su situación no ha podido ser producida por la casualidad. El fútbol italiano ha establecido controles trimestrales de los cobros de sus jugadores, pero ahora se detectan los problemas de no poder controlar a aquellos que compran algunos de sus clubs.

Es muy posible que el Parma logre, con la ayuda acordada, llegar al final de un campeonato que le llevará a la Serie B, pero aún así, quedará la duda sobre una competición en la que muchos se van a enfrentar a un equipo lleno de cedidos y jugadores del filial en el tramo fundamental de la temporada. Las instituciones italianas han estado de nuevo lentas en la reacción y las consecuencias a nivel de imagen son incalculables. Un caso así es impropio de una de las mejores ligas de fútbol del mundo y de Europa y sus dirigentes no han estado a la altura. Puede que se haya encontrado una solución de urgencia, pero la imagen de la Serie A vuelve a estar en entredicho luego de un nuevo escándalo.