Australia es terreno de Nole y Serena

Australia es terreno de Nole y Serena

Puede que de entre todos los Grandes torneos del circuito del tenis mundial, el Open de Australia sea el que menos presente está en el imaginario colectivo de los aficionados. Quizás sea simplemente por el cambio horario y la distancia, que dificultan su seguimiento, o por el mero hecho de disputarse a principios de año, pero lo cierto es que el  Grand Slam de tierras australianas es uno de los grandes de pleno derecho y las aportaciones de algunos de los mejores tenistas del planeta allí están elevando su historia.

El de este año arrancaba con muchas incógnitas, sobre todo, en el cuadro masculino. Rafael Nadal llegaba muy justo de preparación debido a su larga temporada en el dique seco por una lesión. El rendimiento de Roger Federer va bajando en los últimos años de manera progresiva y las prestaciones de hombre como Andy Murray, Stanislas Wawrinka o Nishikori no dejan de ser una constante incógnita.

Mención aparte merece, como no podía ser de otro modo, Novak Djokovic. El serbio llegaba a esta edición de 2015 con máxima confianza. Su juego se ha adaptado siempre de manera perfecta a la superficie rápida y en el camino de preparación había sembrado muy pocas dudas.

El primero en mostrar claros signos de debilidad fue el español Rafa Nadal. A punto estuvo de verse apeado de la competición en segunda ronda por el americano Tim Smyczek. El manacorí logró superar sus evidentes problemas físicos y pasar así de ronda tras cinco agónicos sets. Los calambres y múltiples dolores sufridos por el vencedor en Australia hace algunas ediciones, podrían haber sido causadas por el tremendo calor y la humedad de esas fechas en Australia. Pese a superar esta segunda ronda, el camino de Nadal no sería mucho más largo en Australia y acabaría siendo eliminado por Tomas Berdych en cuartos de final en tres cómodos sets para el checo.

Peor le fue al suizo Roger Federer. El cuatro veces ganador en Australia no pasó de tercera ronda. El italiano Andrea Seppi fue el verdugo del gran campeón suizo en tan solo cuatro mangas. Federer fue incapaz de acercarse mínimamente a su extraordinario nivel y dejó las antípodas con la sensación, una vez más, de un claro bajón en su rendimiento.

El Open de Australia es seguramente el Grande en el que más sorpresas se ven. Otros cabezas de serie importantes como Gasquet, Monfils o Verdasco no llegaron tan lejos como pretendían.

El que pareció decidido a ir a por el título desde su mismo arranque fue Novak Djokovic. El serbio va camino de meterse entre los más grandes de la historia de este deporte y sus resultados en los Grandes son excelentes. Nole ya había vencido en Australia en las cuatro finales que había disputado anteriormente por lo que se había ganado el derecho  a ser considerado el máximo favorito.

Australia es terreno de Nole y Serena

El serbio volvió a demostrar ser un jugador absolutamente fiable en los momentos cruciales de los Grand Slam, aquello en los que se cruzan los cabezas de serie. Djokovic llegó a cuartos de final sin grandes sobresaltos. Allí le esperaba Milos Raonic. El canadiense cuenta con un saque portentoso, lo que le hace un rival temible en este tipo de superficies. Pese a todo, el serbio no le dio ninguna opción y finiquitó por la vía rápida, en tres sets, el partido.

Las semifinales iban a ser otra historia. El número cuatro del mundo, el suizo Stanislas Wawrinka, llegaba a esta penúltima ronda con la vitola de ser el actual campeón. Djokovic estaba avisado. Wawrinka no iba a ceder su corona fácilmente después de haberla conseguido en un duelo épico el año pasado frente a Rafael Nadal. Los pronósticos no fallaron. Luego de un intercambio durísimo  de sets entre los dos, el partido iba a decidirse en el quinto y definitivo. Ahí Djokovic no falló y le endosó un 6 a 0 demoledor al suizo.

La Rod Laver Arena se disponía pues a ver una final atractiva, quizás la mejor de las posibles a la vista de los problemas de Federer y Nadal, entre Djokovic y el escocés Andy Murray. Fue una final más igualada de lo que podría esperarse e incluso Murray dejó escapar con vida en alguna ocasión a un Nole, que como a todos los grandes campeones, no se le puede regalar nada porque sabrán aprovecharlo.

Después de dos tie breaks en los primeros sets, el tercero fue el decisivo luego del uno a uno en el marcador. Djokovic lo había pasado realmente mal en las dos mangas precedentes y quizás por eso salió al tercero dispuesto a ganarlo por la vía rápida y encaminar así el triunfo final. Y eso fue exactamente lo que sucedió. Primero con un seis tres muy trabajado y luego con un seis cero que era todo un broche de oro para un torneo para enmarcar.

Djokovic sellaba así su quinto Open de Australia. Tan solo Roy Emerson, fuera de la era Open, tiene más título que él en el torneo. Con este triunfo conseguía además el octavo grande de su carrera, alcanzado a nombres ilustres como Andre Agassi, Jimmy Connors,Ivan Lendl, Fred Perry Ken Rosewall.

Murray se quejó amargamente durante y después del partido de los constantes gestos de un serbio siempre polémico. Djokovic reconoció que “no he estado cómodo durante todo el partido y más que calambres, creo que he tenido mareos por el calor”.

Polémicas aparte, el serbio reafirmaba con esta victoria su número uno mundial y daba un paso más en su constante persecución de los jugadores con más Grandes de la historia. “No es el objetivo”, dijo, “pero hay que seguir peleando por cada título día a día.”

Si en el cuadro masculino los pronósticos se cumplieron con la victoria final de Novak Djokovic, lo mismo iba a ocurrir en el femenino donde la americana Serena Williams aparecía en todas las quinielas como la más probable ganadora. Y es que Serena, es otra historia. La superioridad de la tenista americana es tal que no le influyen para nada sus problemas físicos (jugó la final con un proceso gripal), ni elementos externos (tuvieron que cerrar el techo) ni tampoco las dudas en su propio juego (cometió varias dobles faltas en el peor momento). Aún así Serena volvió a ganar en Melbourne. Esta vez la víctima fue la rusa María Sharapova, una tenista excepcional que cuenta ya con cinco Grandes, pero que encadena ya dieciséis derrotas consecutivas delante de la gran Serena.

 Serena

El marcador 6- 3 y 7- 6 no deja bien clara la sensación de absoluta superioridad que ofreció Williams. La victoria en este Open de Australia supone su título número 19 en un grande y ve cada vez más cerca los 22 que consiguiera la alemana Steffi Graf. La de este año, además, supone que Serena se convierte en la jugadora más longeva en haber triunfado en Australia y de los cuatro Grand Slam ya solo le supera en este aspecto Martina Navratilova, quien ganó en Wimbledon con unos pocos días más de edad de os que ahora tiene la americana.

La de Melbourne fue seguramente una de las finales que más plácidas de la historia deportiva de Serena Williams. Y eso que era la primera vez desde 2004 en la que llegaban a la gran final las dos primeras cabezas de serie. En aquella ocasión lo habían hecho las belgas Justine Henin y Kim Clijsters.

Pero el sexto título de Serena en Australia dista mucho de ser el colofón a una carrera fantástica. Otros seis US Open, cinco Wimbledon y dos Roland Garros son su carta de presentación en los Grandes. La más joven de las Williams suma además 66 títulos más en el circuito WTA, a lo que hay que sumarle cuatro oros olímpicos, por cierto, en tres Juegos distintos (Sidney, Pekín y Londres).

Las crónicas hablaron de humillación el día después de la final entre Williams y Sharapova. Lo cierto es que la superioridad de la americana fue absoluta y la rivalidad entre ambas va a más, a pesar del claro dominio de la americana hasta ahora. Parece que la era de dominio de Williams en el circuito aún durará algún tiempo más. Serena no ha mostrado aún síntomas de bajón alguno en su rendimiento físico ni mucho menos en la voracidad competitiva que la ha caracterizado a lo largo de los años.

Como suele ocurrir con los más grandes campeones, la carrera de Serena llegará hasta donde ella misma quiera. Con 33 años de edad y tantos títulos y logros impresionantes a sus espaldas, poco tiene ya que demostrar al resto del mundo así que su longevidad en las pistas dependerá de los diferentes retos que pueda marcarse en las temporadas siguientes. Quizás ese récord de Steffi Graf con 22 grandes pueda ser uno de los más imponentes que le queden por delante porque en lo demás, Williams no puede más que repetir y repetir victorias en torneos ya ganados.

En Melbourne dejó atrás a Martina Navratilova y Chris Evert. Para ser la mejor de todos los tiempos, está a tres de Graf. Veremos si eso nos permite disfrutar de Serena algunos años más en el circuito.